El Futuro de la Mediación

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A nadie se le escapa que la mediación, en este primer tercio de siglo, tendrá que afrontar, especialmente en la UE, retos de suma importancia. Pero podemos afirmar también con total seguridad y rotundidad que la mediación en el sector de los seguros, seguirá existiendo fundamentalmente por tres motivos: porque es una profesión en si misma acostumbrada a vivir en eterna crisis; porque es y seguirá siendo un canal eficaz de venta de los productos de las compañías aseguradoras; y porque los asegurados siempre necesitaran quien les asesore y gestione en el ámbito asegurador sus necesidades de un modo profesional. Por tanto, podemos decir que tenemos mediadores de seguros para rato. Otra cosa es como y bajo que figuras quedará determinada la mediación.

 

Por no hacer otras referencias y atendiendo a las limitaciones de espacio, el seguro en España desde la iniciación de la denominada tendencia intervencionista” que tiene su punto de partida en el Art. 32 y en la Ley de Presupuestos del Estado de 5 de Agosto de 1893, a sufrido una enorme transformación, convirtiéndose en un sector sumamente complejo, regulado y en el que confluyen diversos y potentes intereses. En dicha Ley Presupuestaria, ya se fijó para las compañías de seguros las siguientes obligaciones: el pago del correspondiente impuesto; presentar periódicamente sus balances; y constituir un depósito. Posteriormente vino la Ley de Seguros de 14 de Mayo de 1908, donde la confrontación de intereses quedó patente ya en los importantes embates que sufrió D. Augusto González , a la sazón  Ministro de Fomento.. Desde el punto de vista técnico-jurídico, dicha Ley para su época, fue modélica.

En la actualidad el marco legal, atendiendo sólo al básico, es demasiado complejo. Si nos referimos a normas internacionales nos encontramos con la Directiva 88/357/CEE; la Directiva Solvencia II (basada en Basilea II), Basilea III y especialmente la IMD2. Este último proyecto pretende la protección del tomador del seguro/consumidor;  mejorar las reglas de competencia entre distribuidores, estableciendo el principio de homogeneidad en cuanto a requisitos en todos los países de la UE; y determinar y clarificar  la naturaleza de la remuneración que perciba el mediador.

Si atendemos a la legislación nacional nos encontramos con una proliferación normativa (a la que somos tan aficionados), como la Ley 21/1990, de 14 de Diciembre, la Ley de Ordenación y Supervisión de seguros Privados (RD 6/2004, de 29 de Octubre), la Ley de Contrato de Seguro (Ley 50/1980, de 8 de Octubre), la Ley de Mediación de Seguros y Reaseguros Privados (Ley 26/2006, de 17 de Julio), la Ley General para la defensa de los consumidores y usuarios y otras leyes complementarias (RD 1/2007, de 16 de Noviembre) o la Ley 2/11, de 4 de Marzo, de Economía sostenible. De toda la normativa patria se desprende y se establece, en lo que aquí interesa, una cuestión importantísima: la definición de la figura del mediador, como una figura especial a caballo entre la dependencia laboral y la independencia del mediador de comercio mercantil. La definición del mediador de seguros en nuestro derecho dista del conceptode bróker en el mundo anglosajón, en el área latina y en concreto en España, históricamente el mediador ha tenido y tiene grandes dependencias con las compañías aseguradoras, cuando por otro lado, en principio, la relación no es laboral y se basa en una, mas o menos real, independencia como profesional libre. Este es uno de los problemas esenciales que la mediación próximamente va a tener que abordar y defender, según sus intereses con visión de futuro. Las medias tintas nunca fueron buenas a medio y largo plazo. Entre otros dilemas habrá que decidir entre comisiones de las compañías u honorarios de los clientes o sistemas mixtos. Para estas decisiones no cabe la menor duda que tendrá que variar la cultura y formación no tanto de la mediación, como la de los clientes y compañías. En esta labor mucho tienen que decir y ayudar los Colegios y Asociaciones profesionales.

Siempre me ha llamado la atención la capacidad de la mediación para adaptarse a las circunstancias y abordar con éxito los importantes problemas y retos que le han rodeado. Por ejemplo, puede que alguien pensara que los Colegios de mediadores de seguros podían desaparecer con la promulgación del artículo 64 de la Ley 26/2006, donde en su punto primero se determinó que a estos Colegios “se incorporaran las personas que voluntariamente lo deseen” y en su punto quinto se reafirma que “en ningún caso será requisito para el ejercicio para la actividad de mediador de seguros la incorporación a cualquiera de los Colegios de mediadores de seguros”. Es interesante saber que la pertenencia a otros Colegios profesionales continua siendo obligatoria (articulo 3.2 de la Ley 2/1974 sobre Colegios profesionales, modificado por la Ley 7/1997, de 14 de Abril). Pues bien, los Colegios de mediadores de seguros no solo no han desaparecido, sino que han sabido adaptarse a las circunstancias, realizando un gran esfuerzo para reinventarse y ser útiles para la mediación y la clarificación del sector. Con ello, ha resultado que la liberación de la colegiación ha significado que estos Colegios lleven mucha ventaja respecto a otros Colegios profesionales en cuanto al sentido de su función, estrategia y objetivos. Y sobre todo respecto a las exigencias de la UE.

La energía del sector de la mediación igualmente queda reflejada en la existencia de diferentes asociaciones preocupadas por el sector del seguro.

Lo que este momento precisa es información, análisis, estrategia común y defensa de los intereses y valores del mediador de seguros del siglo XXI. Esto seria objeto de otros artículos y debates que no tienen cabida en este momento y artículo.

D. Joaquín Mompó Buchón.

 

Titular Mompó Abogados